EN DÍAS PASADOS, ESTUDIANTES DEL GRADO 10°, REALIZARON UN RECORRIDO POR DIVERSOS SITIOS DE LA CIUDAD, INCLUYENDO LOS ALREDEDORES DE LA COMUNA, PARQUES Y MUSEOS.
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Una noche fría de 1929, el vendedor de juguetes neoyorquino Edwin Lowe conducía su coche por una carretera del sur de los Estados Unidos, cansado y deprimido. Hacía pocos meses que la Gran Depresión había sacudido los cimientos de la economía norteamericana y conmovido al mundo, y se vivían días difíciles.
Mientras buscaba un hotel donde pernoctar, Lowe advirtió una tienda colorida al borde de la carretera, con muchas luces y música, y se acercó para ver de qué se trataba. Estacionó su auto y entró. En medio de una atmósfera cargada de humo de tabaco, contempló a cierto número de personas sentadas alrededor de una mesa sobre la cual cada una tenía un cartón y un montoncito de frijoles. Un sujeto, que actuaba como animador, extraía bolillas numeradas de una bolsa y cantaba los números ante los circunstantes, que ponían, de vez en cuando, un frijol sobre los cartones. Al acercarse un poco más, Lowe observó que lo que los participantes tenían ante sí era una especie de cartón de lotería con los números del 1 al 75 alineados en cinco columnas. Al completar una línea, el jugador gritaba triunfalmente: ¡beano!, del inglés bean (frijol). Entusiasmado con la novedad, y ya menos deprimido, el vendedor viajero se llevó a Nueva York la idea del juego, que ensayó exitosamente con amigos y familiares. Un día, mientras estaban jugando en la casa de Lowe, uno de los participantes, emocionado por haber ganado la partida, se equivocó y, en vez de ¡beano!, gritó ¡bingo!, palabra que acabó adoptada como nombre del juego. El vendedor siguió desarrollando la idea y terminó por encabezar cada una de las cinco líneas de números por una de las letras de la palabra bingo, que pasó a nuestra lengua con la misma grafía: bingo.Con este juego, Lowe amasó una cuantiosa fortuna y, al final de la recesión, ya era un hombre muy rico. |
Voz de origen africano, se refiere a los intestinos de las reses, según el Diccionario de la Academia. Sin embargo, en la región del Río de la Plata se emplea principalmente para designar una pieza de carnicería obtenida del estómago de la res y también a un guiso que se prepara con ella, equivalente a lo que en España se llama callos.
La palabra se registra en castellano por lo menos desde 1581, cuando Mateo Alemán publicó su novela Guzmán de Alfarache en la que aparece este texto: Y desta manera se habían de continuar cincuenta y cuatro ollas al mes, porque teníamos el sábado mondongo. Si es tiempo de fruta, cuatro cerezas o guindas, dos o tres ciruelas o albarcoques, media libra o una de higos [...]. Aunque algunos africanistas brasileños también proponen un origen africano del término, el hecho de que surgiera tan tempranamente en España torna esa hipótesis poco verosímil, ya que el tráfico de esclavos aún no había alcanzado su apogeo en la América española, y es muy difícil que escritores españoles emplearan vocablos africanos en esa época. Corominas sugiere que mondongo se derivó de bandullo 'vientre o conjunto de las tripas de los animales', que a su vez proviene del árabe batn 'intestinos' y 'carne del vientre de un animal'. |
El pasado 2 de abril se realizó en las instalaciones del plantel, la capacitación titulada AUTISMO Y AULAS INCLUSIVAS, orientada por la Dire...